Nuevas imágenes de la ruta, que merecen ser publicadas
El día 10 de junio de 2022, nos fuimos el equipo completo a la Vega de Urriellu, ruta que desde hace tiempo la teníamos preparada, pero no habíamos tenido ocasión para ir.
Esta ruta es muy clásica en los Picos de Europa, por ser moderada y muy atractiva, con el objetivo de ver el mítico pico del Naranjo de Bulnes o Pico Urriellu. (2.518 m.)
Todos
sabemos que para hacerla, se debe madrugar mucho y llegar los primeros a Pandebano,
para aparcar el vehículo, dado que este lugar está controlado y solamente dejan
subir cuando hay plazas libres.
Por lo
tanto, a las 6 h de la mañana, salimos desde Santander hasta Unquera, lugar que
siempre paramos para desayunar y continuar hacia Arenas de Cabrales.
Llegamos a
los invernales de Sotres, para subir la pendiente de una carretera irregular
hasta el collado de Pandebano y así evitamos la hora y media de subir andando.
En el
collado de Pandebano (1.212 m.), iniciamos la ruta prevista a las 8,30 h.
subiendo al principio una pendiente suave
hasta la majada de la Tenerosa y pasando el refugio del mismo nombre.
Continuamos
subiendo por el sendero hasta el collado de Vallejo (1.540 m.), lugar que
cualquiera le gustaría llegar.
Estar en
este collado, a uno le sorprende gratamente, al ver la fantástica panorámica
del Naranjo de Bulnes, en su cara N., si a lo lejos, pero en un entorno impresionante y bien marcado el camino
que debemos coger, que se trata de la canal del Vallejo, algo complicada en
caso de encontrarte con nevero, pero en esta ocasión no fue así.
Descendimos
la canal del Vallejo, las Traviesas y el borde oriental del Jou Lluengu, para
llegar a la Vega de Urriellu.
Todo lo que
descendimos, nos tocaba ascender con una fuerte subida de gran desnivel, aunque
soportable al tratarse de una camino en zigzag, que con ritmo lento poco a poco
podemos decir que hemos llegado a la Vega de Urriellu (1.960 m.)
El primero
en llegar de nosotros, fue Alejandro en tres h. y media, luego vamos el resto
llegando con espacio de diez minutos cada uno. El último seria yo, pero también
el de más edad, alguna ventaja tengo que tener.
Es un tiempo
aceptable, pero nosotros como siempre, hacemos muchas paradas, para hacer
fotos, ellos con sus móviles y yo, con la cámara réflex y más dos objetivos, casi
nada.
Estar en el
refugio y debajo mismo de la cara Oeste del Naranjo de Bulnes, al pie mismo de
la gran mole de roca caliza del pico, es ya un privilegio, estamos un corto
tiempo y mis amigos utiliza la cantina para tomarse un café con leche.
El refugio
hoy es un hotel, no como era hace años, con precios también actualizados, el de
pernoctar cuesta 17 euros, el cenar 16 euros y desayunar 6 euros, total unos 40
euros, estar un día completo. Merece la pena gastarse un dineral para pasar un día
y noche espectacular.
Decidimos
bajar y a las 13 h., regresamos de nuevo a Pandebano, por el mismo camino, que
cuesta mucho más que subir, las rodillas sufre y el de procurar no tener ningún
tropiezo que sería lo más grave.
Llegamos al vehículo
a las 3,30 h. de la tarde y solamente nos quedaba la parada en Tielve.
Lugar que
siempre lo hacemos, en el restaurante Duje, que nos atienden muy bien.
Las jarras
de cervezas con gaseosa, las raciones de queso, cecina y chorizo, son una
delicia para reponer fuerzas y descansar un ratito.
Para
nosotros la ruta ha sido un éxito, hemos disfrutado con una excursión de alta
montaña y estar lo más cerca del Naranjo de Bulnes.
Yo aparte de
disfrutar como mis compañeros, he sufrido algo en el descenso, parece ser que
me ha dado una "pájara" por falta de líquido, pero con la ayuda de mi
amigo generoso Babi, que me proporciono un botellín de "Powerade" ,
pude terminar con buenas sensaciones.
Mi amigo
Chuchi, le pasó mismo, por problemas físicos, tuvo que parar, pero al final
llegó a donde todos queremos ir, al collado de Vallejo.
La ruta la
vienen considerando moderada, ya sabemos que se trata de un recorrido sin
dificultades técnicas, pero hay que tener presente que tiene un desnivel
acumulado de unos 900 m., con terreno montañoso y pedregoso, que aumentan algo
las dificultades.
Como vengo
haciendo todos los años y ya son muchos, estuve en la edición 44 del Día
Infantil de Cantabria, que se celebró en el recinto de la Magdalena.
Organizado
por ADIC y el Ayuntamiento de Santander.
Es un día
especial y dedicado a los niños (as), con muchas actividades para ellos y con
el objetivo de conocer las tradiciones y costumbres de la región.
En esta
fiesta, participaban grupos de bailes regionales, como son el grupo de danzas
Virgen de las Nieves de Tanos y los Coros y Danzas de Santander.
Me gusta
asistir y siempre acompañado con mi cámara fotográfica para conseguir algunas imágenes
representativa del folclore cántabro y de trajes regionales.
Me encanta
encontrarme con mis conocidos, José Ramón, danzante de Coros y Danzas, con su
ilusión y entusiasmo bailando.
Como también
a Joaquin, pitero, acompañado de su compañero César y quienes han incorporado a
un joven con el tamboril.
El día 1 de junio de 2022, visite
el Monte de las Secuoyas de Cabezón, junto con mi amigo Fernando San Miguel,
con el objetivo de conseguir algunas fotos de la naturaleza de este bosque.
Ambos ya habíamos estado en él,
pero siempre gusta volver a visitarle, porque es una maravilla de la naturaleza
e impresionante contemplar los arboles de gran altura.
Desde hace pocos años, ha dejado
de ser un lugar único y tranquilo, ahora le tenemos como sitio de turismo, con
miles de visitantes.
Ello tiene su riesgo, de que
algunos no respete el entorno y los arboles, llegando a desprender cortezas de
ellos como recuerdo.
El lugar es mágico y con una
belleza que debemos procurar conservar y visitar.
Nosotros recorrimos el parque
poco a poco, pero sin perdernos la oportunidad de hacer las mejores fotos de
este Monumento a la Naturaleza.
El monte de las Secuoyas de Cabezón,
con apenas 2,5 ha y cerca de unos 850 secuoyas (sequola semperviens) forma la
masa forestal más extensa de esta especie en Europa. La altura de los arboles
oscilan entre 40 y 50 m. y su perímetro normal de 2 m. La densidad y el gran
desarrollo de las secuoyas impiden la presencia de sotobosque bajo su sombra,
por lo que únicamente encontramos dispersos por la masa 25 pinos de Monterrey y
algún eucalipto blanco plantados en la misma época, así como algunos pies
menores de otras especies en la periferia.
Estas cupresáceas son los árboles
más altos del mundo. Durante la era de los dinosaurios se extendían por todo el
hemisferio norte. Los cambios climáticos y topográficos las confinaron a las
montañas costeras de California y Oregón, donde el clima templado y húmedo con
nieblas frecuentes reúne las condiciones óptimas para ellas. Además de su
altura destaca el grosor de su corteza hasta 30 cm. y su capacidad para
rebrotar de raíz, poco habitual en las coníferas.
De su majestuosidad ya hacían
referencia los españoles que exploraron la zona en el siglo XVIII. Este es el
origen, por ejemplo del asentamiento de Palo Alta en California, que utilizaban
para guiarse en sus navegaciones. También lo llamaban palo colorado, por su
madera, equivalente a nombre en inglés, redwood.
Tras la anexión de California a
EEUU y el estallido de la fiebre del oro en 1848, se multiplicó la población y
se talaron masivamente estos bosques. Se dice que San Francisco se construyó
con su madera. Así se perdió el 95% de los 8.000 km. que ocupaban. En la
actualidad la mayor parte están protegidos.
Aunque se sabe que los botánicos
de la expedición científica de Malaspina y Bustamente en 1789 ya tomaron
muestras, se suele atribuir a los británicos su introducción en Europa en 1843
como ornamental.
La secuoya es habitual en parques
y jardines de Cantabria. Cuatro están catalogadas como singulares. También se
puede encontrar las secuoyas gigante o árbol del mamut.
La secuoya costera puede crecer
hasta 1,8 m. los primeros años. Después se ralentiza el desarrollo hasta
hacerse casi imperceptible en su madurez.
En el monte de Cabezón se
plantaron en la década de 1940 y setenta años después rozan los 50 m. de
altura. Fuera de su área natural sólo es comparable el bosque de Whakawarega en
Nueza Zelanda. Plantado en 1901, sus secuoyas de más de 60 m. se han convertido
en un reclamo turístico.
En las secuoyas primigenios de
California, es frecuente encontrar pies de hasta 2000 años que superan los cien
metros.
El más alto con sus 115,6 m.
Hiperión: "el que camina en las alturas", descubierto en 2006 en el
Parque Nacional Redwood, es el árbol más alto conocido. Su ubicación es
secreta, para evitar la presión turística, puesto que son vulnerables a la
compactación del suelo.
La secuoya gigante
"Sequoladendron giganteum", General Sherman con sus 1489 m3 de madera
es el árbol más voluminoso conocido. Se encuentra en el Parque Nacional de las
Secuoyas , en California.
En el C.C. Matilde de la Torre de
Cabezón de la Sal, se pueden contemplar dos secuoyas gigantes catalogadas.
Las Secuoyas del Monte de Cabezón
es un Espacio Natural Protegido en Cantabria, declarado Monumento Natural e
incluido en la Red de Espacios Naturales Protegidos de Cantabria.
Se declararon Monumento Natural
por Decreto41/2993, en virtud de la Ley 4/1989, de 27 de marzo, de Conservación
de los Espacios Naturales y Flora y Fauna Silvestres, que prevé en su artículo
10 la posibilidad de declarar protegidos determinados espacios del territorio
nacional que contengan elementos y sistemas naturales sobresalientes, así se
facilita la conservación de este excepcional ecosistema.
La excepcional de este bosque de
secuoyas es que se tratan de especies inhabituales en Cantabria, formando una
masa en estado seminatural en España y alcanzan enormes dimensiones y gran
longevidad.
Seria sobre 1940 cuando se
plantaron las secuoyas del Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón,
como búsqueda de ingresos y riqueza, y para solucionar la necesidad de especies
madereras destinadas a la producción industrial, se potenció la repoblación en
terrenos baldíos con especies de crecimiento rápido y condiciones climatológica
favorables.
El Monte se repobló con especies
foráneas, fundamentalmente Eucalyptus globulus y Pinus radiata y de forma
experimental, a modo de ensayo y por tanto en parcelas mucho más reducidas con
roble americano, castaño japonés o abeto de Douglas, entonces es cuanto las
secuoyas llegan al Monte Cabezón.
Con un tronco recto, muy grueso,
corteza oscura y esponjosa que se desprende en placas irregulares bajo las que
aparecen las nuevas de color rojizo. Las hojas de las secuoya o acículas
(aguijones finos y delicados) son planas y de tono verde oscuro con 2 bandas
blancas en el revés.
Además de su tamaño, lo que
caracteriza a la sequola son 2 cosas, su longevidad (pueden llegar a superar el
millar de años) y su rapidez de crecimiento (1,80 metros/año entre los cuatro y
los diez años de edad). Su madera es de buena calidad, ligera, rojiza, no
resinosa y fácil de trabajar.
Estar en el interior del bosque,
nos obliga mirar hacia arriba, buscando el cielo que le vemos lejano entre las
hojas y el tronco del árbol que cada vez se va disminuyendo de tamaño.
Fue un día que disfrutamos mucho
con este espectacular entorno y pudimos hacer cuantas fotos quisimos, fueron
muchas y algunas creemos que han sido bonitas.
El
lunes 16 de mayo, visite el Parque de Cabárceno, para pasar un día tranquilo y
previsto de pocos visitantes, pero no fue así, la sorpresa fue mayúscula,
estaba todo el Parque lleno de vehículos y familias completas con niños (as).
El
motivo a parecer, era de que ese día, era festivo en las comunidades de Madrid
y Galicia.
Ante
esta circunstancia, no vi que era el mejor día para hacer fotos y pronto me
marche del Parque sin haber completado ningún reportaje fotográfico.
El
poco tiempo que estuve, lo dedique a los guepardos y a los hipopótamos.
Hasta
tuve problemas para tomarme una caña, ante el gran gentío que se encontraba en
el restaurante haciendo cola.
Cuando
visite el recinto de los papiones, me encontré con la sorpresa de verles con
dos crías de pocos meses, parecían mellizos o bien serian primos.
Es difícil
saberlo, pues en cada parto nace uno y hasta suelen ser cuidados por otras
madres.
Ese día
estuve un tiempo contemplando a los papiones, son monos muy familiares que no
escatiman demostraciones de mutuo afecto.
Una de sus
costumbres sociales es acicalarse y despiojarse unos a otros.
Son
cariñosos, pero pueden mostrarse agresivos si se sienten atacados.
Hay momentos
que se enfadan entre ellos y los pequeños asustados gritan y se refugian en los
brazos de sus madres.
Las crías
pequeñas se espabilan rápidamente y se mueven por su cuenta, vuelven a menudo
al regazo de las hembras para mamar, para protegerse, para descansar o para que
les mimen.
Estos monos
de Guinea, ocupan en Cabárceno un gran espacio. con un terreno de desnivel
alto, a lo que ellos no tienen dificultades para moverse.
Son muy
ágiles y veloces y ascienden con mucha rapidez cuando se les reclama.
Casi siempre
están agrupados, liderados por una hembra o por el macho dominante, con las crías
cargadas a la espalda o agarradas al vientre de sus madres.
Tienen un
rostro oscuro, su morro largo y sus ojitos castaños, aparentan tener cara de
pena.
Son animales
polígamos. Los machos dominantes se aparean con varias hembras.
Nace una
sola cría por parto y en casos excepcionales dos e incluso tres, como la especia
humana.
Las crías
tienen un pelaje oscuro que se les va cambiando con la edad. La madre los cría
en solitario las primeras semanas, pero cuando crecen un poco participan en su
cuidado las otras hembras y se incorporan a la manada junto con las demás.